No es cualquier cosa que el elefante de mi cuarto llore. Él no se anda con cosas de niñatos. Pero el día en que llora, es ahí que sé que algo anda mal.
No sabía bien si preguntarle o no… ¿Qué podía decirle yo? Pero pensé en que si él me viera así… él me preguntaría a mí.
Al principio no me escuchó. Traté de llamarlo de muchas formas, y parecía que poco a poco él se iba hacia atrás, más y más.
Grité. Le dije que quería saber que pasaba, pues no era el mismo desde hace días. ¿Qué mosco le habría picado a éste, ahora? ¿Por qué ya no estaba feliz cuando yo sonreía?
Cuando por fin se decidió a hablarlo conmigo, me lo dijo de tal sinceridad que es imposible no prestar atención. Sus ojos se humedecieron, afinó (según él) su voz y me dijo, que hace días que le habían quitado algo de él, lo cual era muy necesario en su vida.
–¿Sin ‘eso’ no vives? –me interesé.
El me miró incomprensivo, pero pronto respondió:
–Claro que vivo, no siempre lo tuve conmigo y ahora que ya no lo tengo, podré sobrevivir, pero… no sabía lo que era tenerlo, y –secó una lágrima –… me siento morir.
–¿Quién te lo quitó?
–Eso no lo sé. Eso no importa. –cortó.
–Pero –pensé–, claro que importa, hablemos con la persona que te lo quitó, para que te lo pueda regresar.
–No lo entiendes –me dijo claro –. No sólo depende de mí, también depende de que ‘eso’ quiera regresar a mí.
¿Sería tiempo de preguntarle qué era eso que le faltaba? ¿Qué era eso que le habían arrebatado? ¿Qué era eso que tanto necesitaba para ser feliz?
–¿Y cómo sabrás si ‘eso’ quiere regresar a ti? –pregunté.
–Ya se lo he dicho.
No soy idiota. Sí él ya se lo dijo, y sigue sin ‘eso’, lo más probable es que ‘eso’ no haya querido regresar.
–Bueno, a veces tenemos que aceptar que aunque nosotros queramos algo, no siempre es para nosotros –. Traté de animarlo.
–Me confunde –. Me dijo.
–¿En qué sentido? –por Shakespeare que deseaba esa conversación terminara, pues a él se le veía cada vez más triste y yo no era la señora del hielo.
–Dice que quiere estar aquí, pero sin embargo no lo está.
–Pero tú has hablado ya. Ya lo sabe. No hay nada más que hacer.
Él comenzó a soltar lágrimas, y por un momento me arrepentí de haber hablado con él. Tal vez él estaba mejor, tal vez la venda que no le dejaba ver la verdad duraría un poco más, y tal vez, sólo tal vez, la verdad no hubiera sido tan difícil para él.
Tenía mucho tiempo ya de no hablar con él. Pero si algo sé, es que no se arrepiente de haber conocido a ‘eso’ que ahora tal vez ya no está.
Nadie viene escuchándome a mí. Él, el elefante, es el líder aquí. Si él está mal, todos los demás están mal. Yo no dejaba irlo, pero se me escapó, y con la poca comunicación que tengo con él, ni cuenta me di cuando se fue. Ahora regresa malherido. No importa; cuidaré de él.